Otro sábado
a la noche más, sola en mi departamento. Cansada de haber manejado muchas horas en el día, decido no cenar debido a un opíparo almuerzo tardío en un
lugar de comida campestre con una amiga, e irme a la cama temprano a ver
películas, tele, series o lo que encuentre.
Mientras me
desvisto y saco las zapatillas sin desatar los cordones, como siempre, parada
al lado de la cómoda de mi dormitorio, a lo lejos, se escucha el hombre de saxo
tocando jazz.
Y mi mente
viajó a otros miles de sábados a la noche, sola, escuchando al hombre del saxo
tocando jazz, que me hace sentir como si viviese en otro lugar y en otro
tiempo.
Mi mente
recorre catorce años hacia el pasado con el mismo sonido del saxo que toca jazz
desde aquel entonces y que hacía mucho que no escuchaba.
Esos viajes
fugaces en un abrir y cerrar de ojos, evocados por un olor, un recuerdo, un
sonido o una canción.
El dolor y
la angustia. La sensación de soledad e impotencia a pesar de estar
acompañada.
El “querer
cumplir” los requisitos de un otro, de un alguien que se cree con derechos a
exigir y a no dar. Y una, con esa falsa de idea de mujer que solo nace para
complacer al resto.
Juventud,
divino tesoro…
Juventud y
dolor…
Juventud y
falta de cuidado…
Catorce
años más tarde, la soledad acompañada no duele. Porque es solo soledad física y
no psíquica. No es soledad espiritual, es solo quedarme sola un sábado a la
noche, mirando películas, tele, series o lo que sea, hasta que mi ahora “lucecita
azul” aparezca.
Y me di
cuenta que no extraño mi juventud, llena de angustias, inseguridades y dolor.
Llena de
locura, de falta de aceptación y malos hábitos.
Adoro mi
madurez, esa que me permite verme sin odiarme en el espejo, la incipiente
panza, la celulitis, las canas o las arrugas.
Esa que me
permite elegirme por sobre todas las cosas. Sobre la aceptación de ese “otro”
se llame como se llame, sea una amiga, un novio, un amante, mi jefe o mi
trabajo en general.
Y en la
misma habitación, en la misma cama de hace catorce años me acosté a prender la
misma tele, a DISFRUTAR de mi soledad acompañada.
A disfrutar
de mí misma.

Llevarse bien con uno mismo no es para cualquiera. Y está bueno. Yo también me llevo bien conmigo. Tal vez por eso me pase lo mismo que a vos, pero sin ningún saxo cerca.
ResponderEliminarChe Diez, ya se que te llevás bien con vos mismo. Me queda una duda...y con los demás, en general, como te llevás?? Porque yo me olvidé de acotar que ultimamente estoy un toque Violencia Rivas...je!
EliminarAh, no sé... eso es problema de los demás
Eliminar=P
jejejeje }:)
EliminarHola a todos! Volvieron! Bue.. Diez al menos comentò!!! Por fin!
ResponderEliminarBuenisimo Mariett, como siempre... Genia!!!! Que lindas reflexiones...
Por què tanto silencio??? Y esta vez va para los dos!!!!
Acà hay gente que disfruta de sus escrituras eh???? No se pierdan!
Con afecto, Luvi.
Hola Luvi, si, yo volví!!! Diez no se porque es muy vago para laburar...así que hasta que se ponga a escribir algo, esperá sentada!! Yo me tomé vacaciones de verdad, real ones!!! una semana, y volví y me agarraron las siete plagas de Egipto laborales, así que aproveché el finde XXL para inspirarme. Besos!!!
EliminarHola Mariettt y Diez!!!! Hoy hablabamos en el trabajo del tema, y NO VOLVERIA NI EN DOPE a esa época!!!!!
ResponderEliminarEs mucho mejor sentir que uno ha madurado y ha progresado... A veces encuentro compañeros de secundario que siguen pensando como si tuviesen 18 añitos, y ya tienen 34/35, hijos, familia, etc...pero cuando escucho que la unica preocupacion es que se van a poner para salir el sabado.... SE ME PONEN LOS PELOS DE PUNTAAAA!!!! jajajaja
Vos no te das una idea de la divorciadas/os de mi edad, patéticos todos ellos, que pelean con sus hijos adolescentes, a ver quien sale este fin de semana y cuida al hermano más chico...si! tal cual oíste!!! siempre digo que no hay nada más ridículo que un adolescente, excepto su progenitor/a cuarentón compitiendo por las mismas actividades- Besos!!
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