lunes, 1 de septiembre de 2014
Todo pasa...
Así rezaba el anillo de don Julio Grondona y espichó como cualquier hijo de vecino.
El 26 de Mayo de este año, en un acto de arrojo y después de varias conversaciones con Alguien, y una vez que el se "organizó", cambié millas que tenía guardadas en LAN por dos pasajes a Salta.
Tierra de mi adolescencia, donde dejé una buena parte de mis mejores recuerdos de juventud, de amistades que aún conservo, de salidas, de diversión y de "no responsabilidad".
Tres meses de organizar hoteles, recorridos, preferencias de visitas, si convenía alquilar auto o no.
En Junio teníamos el viajo ya armado, y en Agosto, todo más que reservado.
El 23 de Agosto, después de mucho desearlo y planearlo, llegó el día D que partimos rumbo a Aeroparque.
Hoy, a más de un día de nuestra vuelta y trabajando en pijama desde casa y en la cama, viendo el bolso a medio desarmar, las alpargatas y algo de la ropa de Alguien diseminada por mi casa, las especies compradas en Salta, todas en bolsitas sobre la mesada de la cocina y mi gata contentísima porque estoy todo el día con ella, miro todo con nostalgia y solo pienso "hasta organizar el próximo viaje".
El sábado 23 de Agosto salimos de Capital, después de un almuerzo familiar, a las cinco de la tarde. Hacía mucho calor y había mucha humedad.
Yo, para variar, y no parar de sufrir (cada vez me convenzo más que soy de manual de psicología), cuando estabamos saliendo para almorzar, antes de partir, me quedé dura de la ciática.
Un clásico de clásicos, entre mis amigas, que ya optaron por llamarme Yolanda....no further comments.
Sumado a que desde que me terminé de duchar hasta que embarqué no paré de cagarme de calor y estar sofocada como típica menopáusica. Aunque aún no lo esté, daba divina en el perfil. En pleno aeroparque empecé a abanicarme con las tarjetas de embarque y Alguien me decía que aún no estaba para hacer ese tipo de ridiculeces, mientras se mataba de risa.
Le mostré dos o tres especímenes abanicándose, para demostrarle que era un tema de clima y me refutó que todas tenían mínimo diez años más que yo.
Cuando subí al avión abrí al máximo la ventilación y fui feliz.
Llegamos después de un vuelo bastante movidito, a una Salta calurosa, pero con clima seco, que nos esperaba atardeciendo.
Mi amiga C fue a buscarnos al aeropuerto, y nos dejó en el hotel, que tiene una magnífica vista de toda la ciudad.
A la noche, fuimos a cenar con ella y su marido a la quebrada de San Lorenzo. Cenamos en el jardín, con una noche magnífica donde apenas refrescó un poco.
Y mientras corría el asado en cantidades industriales para los hombres y el vino, (las mujeres hicimos dieta); llegué a la conclusión de lo bueno de los "cuarenta y pico" o "cuarenta y medios" o "cuarenta y pocos" (luego sale post con aclaraciones de las diferencias); es que uno se puede sentar a comer con sus amigos de hace treinta años y siente que el tiempo no pasó. Ni con tus amigos, ni con sus parejas, ni que vos estés con nueva pareja.
Los amigos están siempre sean las circunstancias que sean.
Les dejo algunas fotos de la vista del hotel.
Continuaran los relatos y las fotos viajeras....
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